junio 6, 2026

La fantasía libertaria de una ciudad “emblema” de la mano de Peter Thiel



La radicación de Peter Thiel en Buenos Aires probablemente sea el hecho político más relevante de los últimos tiempos. El empresario tecnológico, filósofo de formación, quiere moldear con sus ideas al mundo y encontró en el universo libertario un match perfecto para llevar su diseño a la práctica.

El dueño de Palantir ejerce una influencia global a través de la compañía de análisis masivo de datos, cuya aplicación se centra en defensa, seguridad y migraciones. Este avance desata fuertes debates en relación a la gestación de una enorme red de vigilancia y pone a prueba cuáles deberían ser los límites de la Inteligencia Artificial.

Dentro de la Casa Rosada, Santiago Caputo ejerce como nexo y se convirtió en un interlocutor con quien explora los más variados escenarios, una especie de retroalimentación de mentes extravagantes. Mantuvieron reuniones en la Fundación Faro y también en la casona en la que vive Thiel junto a su familia, en Barrio Parque. En esas conversaciones se habló de diversos asuntos, incluido un plan en estado embrionario: crear una ciudad con reglas propias, un imán para los inversores, un reducto que sintetice la más pura ideología libertaria.

El asesor sugirió algo en sus redes, cuando a fines de mayo escribió: “La Nueva Argentina que el Presidente está construyendo desde las cenizas del Antiguo Régimen Colectivista merece una ciudad emblema acorde al futuro de prosperidad que nos espera”.

Detrás de ese tono grandilocuente, muy característico de Caputo, yace la ilusión de concretar una iniciativa en esa línea. El antecedente más cercano es en Honduras, en la isla de Roatán. Allí se erigió “Próspera”, un paraíso donde el privado hace la ley. El experimento a pequeña escala tuvo sus contratiempos: el presidente que promovió la legislación que le dio origen, Juan Hernández, terminó condenado por narcotráfico y su sucesora, Xiomara Castro, quiso borrar del mapa el enclave. El fondo que sustentó el proyecto inició una demanda por 11.000 millones de dólares y la guerra se trasladó a la Justicia.

Thiel fue uno de los impulsores de “Próspera” y, al igual que otros líderes tecnológicos, cuando ve la oportunidad promueve formas de autogobierno libres de regulación e impuestos. Se han llegado a pensar formatos disparatados, incluidas colonias flotantes en el mar. Este tipo de desarrollo chocan de frente con la noción de soberanía, a medida que los Estados y sus gobiernos pierden influencia ante los gigantes digitales. Quizá deba repensarse el significado del concepto en la era que se abre, como propone Benjamin Bratton en “The Stack”, un tratado sobre filosofía, software y soberanía.

Volviendo a la idea de Caputo, aún está en etapa de análisis: alcances, formato legal, viabilidad. Como sea, el Gobierno trabaja en un espectro amplio con el objetivo de establecer una arquitectura jurídica afín a los inversores. En ese sentido, se redactaron proyectos de ley que son música para los oídos de los “tecnobro”:

1) Super RIGI: es un régimen de beneficios fiscales, previsionales y cambiarios para nuevas actividades en el país. Apunta especialmente a inteligencia artificial, infraestructura digital y semiconductores, cuyo piso es de 1.000 millones. Los críticos sostienen que otorga concesiones excesivas sin contrapartidas.

2) Nueva ley de sociedades: se reconoce el estatus de “sociedad automatizada” a las que desarrollen su objeto social mediante algoritmos autónomos o agentes de IA, las que responderán con su patrimonio en caso de daños causados por sus sistemas de operación. Y, además, se crea la figura de la Sociedad Descentralizada Autónoma Operativa (denominada “DAO”), estructurada de manera total o parcialmente autónoma, basada en blockchain.

3) Inviolabilidad de propiedad privada: entre otras cosas, elimina las restricciones para la compra de tierras por parte de extranjeros. Este punto cosechó el rechazo de bloques aliados, motivo por el que no se trató en la última sesión del Senado, como estaba previsto.

En el contexto del debate, la figura de Thiel agita la confrontación con la línea divisora del amigo/enemigo. Elisa Carrió publicó el jueves una “carta al pueblo argentino” en la que denuncia que el empresario quiere llevar adelante un “experimento catastrófico para la dignidad humana”.

Las objeciones en contra del magnate conviven con un clima de excitación por quienes consideran su presencia como un buen augurio. Es un llamador que atrae ejemplares de la misma especie. Como Eric Weinstein, matemático y economista, quien ocupó la dirección Thiel Capital y viajó a visitar a su amigo. El intelectual, sagaz en los foros públicos, el miércoles preguntó en X si algún “malviviente de la ciencia” tenía ganas de tomar una cerveza en Palermo Soho. La convocatoria tuvo múltiples respuestas y un desenlace trepidante: terminó en el bar Dadá, con Demian Reidel, ex asesor de Milei, y Santiago Siri, compartiendo unas copas. En el bullicio, las mesas de alrededor fueron testigos de charlas distópicas sobre IA, geopolítica y lecturas de nerds. Coronaron la velada –sin mayores desbordes, dicen– con panqueques de dulce de leche y helado.

El Presidente autocelebró en las últimas horas una columna de opinión que publicó en el Financial Times bajo el título “Argentina invita a la IA a liberarse”. En el texto promete como eje central de su política no regular. Es interesante porque el martes Donald Trump emitió una orden ejecutiva en la que modifica su enfoque sobre el asunto, inicialmente a favor de no legislar: las empresas deberán ahora presentar ante autoridades estadounidense modelos nuevos 60 días antes de ser lanzados por motivos de seguridad nacional. Hubo un lobby salvaje de la industria para evitar normativas y, en efecto, lograron que baje de 90 a 60 el lapso. Washington no cuenta con demasiado margen para poner controles que retrasen la investigación en IA en el marco de la carrera desenfrenada que libra con China.

Xi Jinping goza de la discrecionalidad que le permite el verticalismo del partido único para implementar cambios con eficacia, salteándose procesos burocráticos y debates éticos. El aceleracionismo se potencia, paradójicamente, en el capitalismo chino, razón que lleva a especialistas a asegurar que el siglo XXI será del país que tuvo de protagonista en la centuria anterior a Mao Tse Tung.

Milei pretende jugar un papel en el nuevo orden, siempre alineado a Estados Unidos. Por supuesto, desde otra posición y posibilidades. El atractivo de Argentina sigue estando asociado a los recursos naturales y la duda es siempre la misma: la sostenibilidad, en este caso, del modelo libertario.

Es la pregunta que suele hacer Thiel ante sus visitantes, que son de lo más surtidos: del ex presidente Mauricio Macri a Juan Grabois, con ganas de competir en 2027, como consignó la revista Noticias, que registró el ingreso del dirigente a la mansión. Entre los hombres de negocios, estuvo con Miguel Galuccio hace poco más de un mes. Quiso saber sobre energía, el país en general y, específicamente, la política. No toma en sus citas una postura de defensa del libreto oficial, sino más bien de alguien con curiosidad genuina.

Galuccio, fundador de la petrolera Vista, sonó como candidato a presidente, algo que está lejos de su deseo. Lo mismo pasó con Daniel Hadad, quien tampoco lo está evaluando, por lo menos ahora. Sí es cierto que desde el círculo rojo sondearon esas opciones porque, en definitiva, consideran que hay necesidad de continuar el camino que forjó Milei pero con una mayor racionalidad.

El liderazgo de Milei resulta dañado cuando queda expuesta la fractura dentro de su Gobierno. Ya no se divide en dos (Karina Milei vs Santiago Caputo), sino que habría que agregar otro factor con peso propio, que es Patricia Bullrich.

El Presidente no administra la interna, a esta altura sanguinaria. Desde el entorno de su hermana, sostienen que el asesor no deja de entorpecer, en especial, en las áreas que le fueron amputadas, como Justicia. Le atribuyen hacer zancadillas desde la Secretaría Legal y Técnica, poniendo obstáculos en todo lo que va a parar ahí, demorando proyectos, incluidos los listados de los pliegos de jueces y fiscales. Ella ya no lo soporta.

Milei le dio a Karina el manejo de la política y la justicia. Juan Bautista Mahiques va como topadora para ocupar los casilleros vacantes de una estructura para los próximos 20 años. Se mueve con una desfachatez similar a la del asesor para dar la batalla interna; es la nueva herramienta de Karina, recomendada por su hombre de confianza, Santiago Viola. El Presidente, en sus palabras cuando habla de los roles de cada uno, le adjudica a Caputo “la estrategia”, un término más amorfo e ilimitado.

Aún con influencia disminuida, el consultor se adapta con plasticidad a los vaivenes. Ya no hace decir que se va del Gobierno, y acepta encuentros que otras veces había rechazado. Hace dos semanas, participó de un almuerzo reservado con el consejo directivo del Coloquio de Idea. Fue –como explicó– a dar su visión sobre “el proyecto”, sin poner foco ni en los nombres ni en el partido. Los comensales se sorprendieron por el mensaje de marcada autonomía y porque no esquivó responder en forma directa cuando indagaron por la interna. Eran unas 30 personas. Hubo aplausos al final.



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