
“Ya no se trata de adaptar la naturaleza a nuestra forma de producir, sino de adaptar la producción a las dinámicas naturales del suelo, el agua, el clima y la biodiversidad.” Con esa frase, el economista Roberto Bisang, uno de los principales observadores de la evolución del agro argentino, resumió el núcleo del paradigma 4.0 que, según explicó, ya está redefiniendo la forma de producir alimentos en el país y en el mundo.
Durante su participación en el Congreso de Aapresid, Bisang propuso una mirada transformadora: pasar de una lógica de intervención sobre el ambiente a una lógica de respeto, comprensión y adaptación a sus ciclos. “Este cambio implica entender que cada ecosistema tiene su dinámica propia. Hay que preguntarse primero cómo evoluciona, luego qué se puede extraer sin dañar esa evolución, y finalmente encontrar un conjunto de técnicas que nos permita pasar con flexibilidad de una tecnología a otra según el ambiente”, explicó.
En esa línea, ejemplificó con un feedlot de más de 500 terneros, provenientes de cinco razas y orígenes distintos. “Cada uno tiene una biología diferente. Hay que armar grupos, seguir su evolución, ajustar la dieta y conocer su biorritmo. Si sabés cuándo el animal bosteza o está incómodo, también sabés cuándo alimentarlo o juntar los residuos. Eso es eficiencia con sentido.”
Pero para lograr semejante nivel de precisión, el uso de información es clave. Y allí aparece la inteligencia artificial (IA) como una herramienta con un potencial enorme. Según Bisang, el desafío está en plantearse primero el problema o la oportunidad a abordar. “Si sabés qué tipo de suplementación necesita un lote, ya tenés ganada parte de la batalla. Después podés elegir si lo resolvés con una balanza, con un algoritmo predictivo o con una tecnología más tradicional. La clave no es usar la tecnología más cara o más nueva, sino la más pertinente”, afirmó.
Comparó la situación con el uso cotidiano de un celular: “¿Cuánto conocés de las funciones que tiene tu teléfono? ¿Para qué lo querés? Para sacar fotos, para almacenar datos, para jugar. Elegís el equipo en función del uso que le vas a dar. En la producción agropecuaria pasa lo mismo: hay que saber para qué se necesita la tecnología, y no incorporar tecnología por moda o presión del mercado.”
En ese sentido, puso el foco en un concepto fundamental: inteligencia en la toma de decisiones. Y resaltó que el valor no está en la tecnología per se, sino en la cabeza de quien la utiliza.
Frente a un auditorio colmado de productores, asesores y técnicos, el economista dejó una reflexión final sobre el perfil que deberán tener los líderes de las empresas agropecuarias en esta nueva etapa. “Necesitamos personas con la cabeza abierta. Alguien capaz de sentarse con su hija de siete años y dejarse sorprender por cómo dibuja en el celular, o de observar con curiosidad cómo su hijo universitario arma una monografía con IA. Podés negarlo o preguntarte cómo funciona y cómo lo podés usar para resolver desafíos reales. Para mí, esa es la clave del nuevo paradigma: mente abierta, humildad para aprender y coraje para cambiar.”
Así, Bisang planteó que el paradigma 4.0 no es solo una cuestión tecnológica. Es un cambio cultural, productivo y generacional. Un llamado a repensar no solo cómo se produce, sino también cómo se piensa la producción.

