
En medio del nuevo escenario político abierto tras la captura de Nicolás Maduro, el sector agropecuario venezolano transita un clima de aparente tranquilidad, aunque atravesado por una fuerte expectativa sobre los pasos que dará el gobierno y el rumbo que tomará la economía. Así lo describió Hernán Torre, un argentino que trabaja desde hace 16 años en el país asesorando a productores locales.
“Yo sigo asesorando a un grupo de productores. Es una regional de Aapresid de Argentina aquí en Venezuela, integrada por productores venezolanos”, explicó Torre, quien señaló que el trabajo conjunto se sostiene desde hace tres años, con foco en mejorar la productividad, intercambiar información técnica y optimizar los procesos productivos.
Uno de los impulsores de esta iniciativa fue el propio Torre, nacido en Córdoba, quien comenzó su vínculo con Venezuela en 2007 y se radicó definitivamente en septiembre de 2010. Licenciado en Administración, recordó que su relación con el campo comenzó mucho antes: “Arranqué arriba de un tractor en Monte Buey y desde 1986 siempre estuve ligado al agro”.
Al llegar a Venezuela, se encontró con un sistema productivo fuertemente distorsionado. “El país estaba 30 años atrasado. Había muchos subsidios. Un productor hacía apenas dos toneladas de maíz y ganaba mucha plata. Era todo ficticio, por el control de precios”, señaló. Según explicó, ese esquema terminó de colapsar en 2018: “La economía no dio más, se destruyó el sector bancario, se terminó el financiamiento y el agro quebró. Ahí se libera el mercado y el Gobierno deja de subsidiar”.
Ese cambio abrupto dejó a gran parte de los productores fuera del sistema. “Después de 20 años de subsidios, el productor no tiene capacidad de enfrentar ese cambio porque no lo entiende”, remarcó.
En términos productivos, el déficit es significativo. Venezuela produce unas 850.000 toneladas de maíz, cuando la demanda interna alcanza 1,4 millones. En soja, la brecha es aún mayor: el país necesita alrededor de 900.000 toneladas, pero apenas produce unas 40.000. “Tenemos que importar, pero eso genera una ventaja para el productor local, porque el precio interno se arma en base a Chicago más flete internacional y costos comerciales, lo que termina siendo entre 30 y 40% superior al valor de Chicago”, explicó.
El último ciclo agrícola estuvo fuertemente condicionado por el clima. “Desde mayo llovió durante dos meses seguidos, justo en la época de siembra, y no se pudo sembrar el maíz, que es el principal cultivo”, detalló. En total se habrían sembrado entre 180.000 y 200.000 hectáreas de maíz, mayoritariamente blanco, con rendimientos muy bajos.
Otros cultivos también muestran una escala limitada: la caña de azúcar ocupa unas 80.000 hectáreas y viene creciendo; la soja no superó las 10.000 hectáreas este año; el arroz suma entre 30.000 y 40.000 hectáreas en cada ciclo; el frijol mungo, orientado a la exportación, ronda las 40.000 hectáreas; y elsésamo alcanza unas 30.000 hectáreas.
En el plano político, Torre describió un clima contenido. “Hay una sensación de tranquilidad mezclada con incertidumbre. La gente está esperando reacciones del gobierno, pero hasta ahora no pasó nada. Está todo muy tranquilo”, afirmó.
Aun así, aseguró que hay mayor expectativa de inversión por parte de productores locales y un creciente interés de inversores extranjeros, aunque sin medidas concretas por el momento.
“El principal desafío es seguir mejorando la productividad y depender menos del Estado, de ayudas o de precios, y más de la eficiencia productiva”, sostuvo.
También mencionó que el sector sigue con atención declaraciones del expresidente estadounidense Donald Trump sobre posibles inversiones en Venezuela, principalmente en petróleo e infraestructura, lo que podría impactar de manera indirecta en el agro. “Por ahora, no es más que una declaración”, aclaró.
El potencial, sin embargo, es enorme. Venezuela cuenta con 24 millones de hectáreas agrícolas disponibles, pero actualmente no se llega al millón de hectáreas sembradas. “Ahí está el gran desafío y la gran oportunidad”, concluyó Torre.

