La estancia Numancia, ubicada en la provincia de Chubut, se encuentra a unos 400 kilómetros al oeste de Comodoro Rivadavia, en plena precordillera, próxima al límite con la provincia de Santa Cruz. El establecimiento tiene una superficie total de 17.000 hectáreas, en una región caracterizada por precipitaciones anuales que oscilan entre los 280 y 350 milímetros.
Las condiciones climáticas son particularmente rigurosas. Durante el invierno, las temperaturas habituales se sitúan entre los 10 y 12 grados bajo cero, con registros extremos que pueden alcanzar los 20 grados bajo cero, que llegan a congelar los ríos. En verano, las temperaturas oscilan entre 10 y 15 grados sobre cero.
El entorno ecológico extremo exige la utilización de un biotipo animal especialmente adaptado, capaz de producir en un ambiente donde el suelo puede permanecer cubierto de nieve durante muchos días. “La rusticidad resulta un atributo indispensable: los vacunos deben presentar una adecuada área de grasa dorsal como reserva de energía para enfrentar las bajas temperaturas y, al mismo tiempo, ser precoces, ya que aquellos terneros que ingresan al invierno con escaso desarrollo corporal tienen escasas probabilidades de sobrevivir”, explica Marcelo Pérez, uno de los dos dueños de Numancia. Por este motivo, se prioriza una alta tasa de crecimiento diario.
En este contexto productivo, la empresa opera con hacienda bovina de raza Hereford y ovina de raza Merino Multipropósito, orientada tanto a carne como a lana, con ganadería regenerativa. En total alberga una carga de 400 vacas de cría, más la recría, y 9500 ovejas de esquila. Entora las vaquillonas a los 14 meses y recría una proporción importante de los terneros. En las ovejas aplica la última tecnología, que llega a la inseminación vía laparoscópica. Todo esto frente a campos abandonados linderos, destrozados por el sobrepastoreo irracional.
En Chubut, Marcelo Pérez cuenta con 9500 ovejas de la raza Merino, doble propósito.Con balas de Winchester
Actualmente, Numancia es propiedad de Marcelo y Pablo Pérez, que constituyen la cuarta generación afincada en la Patagonia, próximos a cumplir 100 años de trayectoria rural. La empresa fue fundada por el bisabuelo, uno de los primeros pobladores reguladores de Chubut.
Por su parte, el abuelo, que llegó a la Argentina a los 15 años desde España, comenzó trabajando como cocinero de carretas que transportaban leña y lana hacia Comodoro Rivadavia. En un momento se vinculó con Rafael Beleiro, con quien puso en marcha un comercio, en el que su primer pedido de mercadería fueron cajas de balas de Winchester y ron, porque en aquel tiempo los límites de cada propiedad en la zona eran defendidos con uñas y dientes.
Más adelante, el abuelo se separó de Beleiro y empezó a comprar campos para crecer en la actividad ganadera. Esas tierras las heredó la generación siguiente y posteriormente Pablo y Marcelo.
Sistema productivo
La actividad ganadera en Numancia comienza con el ingreso de animales Hereford adquiridos a la cabaña Las Lilas. Actualmente, el rodeo de cría está compuesto por unas 400 vacas, de las cuales el 90 % se insemina artificialmente. La fecundación se realiza con toros de bajo peso al nacer de Select Debernardi y se complementa con repaso mediante toros criollos. El objetivo central de la selección genética es lograr animales precoces y fértiles. El semen utilizado proviene de toros con buena área de grasa dorsal —clave como reserva energética—, adecuada área de ojo de bife, elevada habilidad materna, alto ritmo de crecimiento y circunferencia escrotal mínima de 40 centímetros.
A pesar del entorno desafiante, Pérez logra entorar las vaquillonas a los 14 meses de edad, gracias a la excelente sanidad de la zona y el gran crecimiento del pasto en los mallines durante la primavera. “Solo ingresan al rodeo aquellas hembras que logran preñarse a los 14 meses y vuelven a hacerlo en el segundo servicio”, condiciona Marcelo. Gracias a este manejo, los índices de preñez del rodeo, combinando inseminación artificial y repaso, fluctúan entre el 94 y el 97 %.
Pastoreo holístico
La alimentación se basa en el aprovechamiento de campos naturales mediante un sistema de pastoreo mixto de vacunos y ovinos. El establecimiento presenta ambientes muy contrastantes: valles con producciones superiores a los 4000 kilos de materia seca por hectárea y por año y estepas que apenas alcanzan los 700 kilos.
En Numancia se aplica un sistema de ganadería regenerativa basado en el pastoreo holístico, cuyo objetivo es recuperar las especies forrajeras de mayor valor. Entre ellas se destacan la Poa ligularis, considerada una especie clave, y el coirón blanco, una gramínea de buena digestibilidad. En los valles, estas especies se complementan con tréboles y constituyen la base de una nutrición que permite obtener muy buenas performances productivas.
El manejo holístico se estructura en distintas etapas: en primer término, se realiza la evaluación de la cantidad de pasto disponible en cada ambiente; en una segunda etapa, se procede a la determinación de la carga animal y el tipo de rotación adecuado; luego, se programa la variación estacional de la carga mediante pastoreos intensos de corta duración, con prolongados períodos de descanso. Este sistema obliga a los animales a consumir el forraje de manera uniforme y facilita el rebrote de las especies valiosas. Gracias a este método, el establecimiento ha obtenido certificaciones que avalan que el campo natural no solo dejó de degradarse, sino que actualmente duplica la producción de pasto respecto de cuando fue recibido.
Recría y engorde
Del total de terneros destetados, aproximadamente el 30 % se vende al destete. Se trata generalmente de animales de menor peso, en su mayoría provenientes de vaquillonas de 14 meses, que llegan a fines del verano con 180-200 kilos. El 70 % restante alcanza los 200-220 kilos y se recría hasta llegar a 340-350 kilos, momento en el cual se vende a feedlots. Allí, con un período corto de alimentación a corral, se logra modificar el color de la grasa y alcanzar pesos de faena.
“Durante la recría es fundamental ofrecer forraje de alta calidad, utilizar los mejores potreros del campo, sin pastoreo previo de ovejas, y asegurando un remanente foliar suficiente para el rebrote posterior”, sostiene Pérez. Asimismo, el control sanitario, especialmente el manejo de parásitos, resulta clave. “Esta fase se maneja como una unidad de engorde Fórmula 1, con un enfoque de máxima eficiencia productiva”, resalta.
Producción ovina
En producción ovina se trabaja con la raza Merino Multipropósito (MPM), para producir carne de calidad y lana fina y abundante, dentro de un programa genético iniciado en 2004. Gracias a este plan, la renta por animal pasó de 60 a 110 dólares anuales.
Unas 5000 ovejas reciben inseminación artificial por vía cervical con semen fresco propio, mientras que entre 400 y 500 son fertilizadas con semen congelado importado de Australia, por vía laparoscópica.
El programa genético exige una selección permanente, considerando siempre el efecto del ambiente. En cada encierre se evalúa la condición corporal de los animales y se define la necesidad de suplementación en función de su estado y de si la oveja es mellicera o no. Este manejo ajustado permite alcanzar tasas de preñez superiores al 90 %. Todas las ovejas cuentan con caravanas electrónicas que permiten un seguimiento detallado de los datos productivos.
Los machos que no se destinan a reproducción atraviesan un proceso de certificación para exportación a la Unión Europea. Se esquilan y se comercializan como cordero pesado antes de la aparición de los dos dientes.
Marcelo Pérez destaca la importancia del equipo de trabajo, frecuentemente el eslabón más débil en muchas empresas agropecuarias. Por ello, impulsa acciones destinadas a formar personas comprometidas con los propósitos de Numancia. Con ese objetivo, contrataron un coach que promueve una visión del empleado como socio estratégico, quien además del salario recibe una serie de beneficios intangibles, que fortalecen el sentido de pertenencia y permiten proyectar su desarrollo personal y familiar.

