
La presente campaña de soja se caracteriza por ofrecer condiciones climáticas inestables e irregulares con notables diferencias entre zonas productivas, en muchos casos con valores de temperatura y humedad ambiente que propician el desarrollo de enfermedades como las de fin de ciclo, principalmente Septoria glycines (mancha marrón) y Cercospora kikuchii (tizón foliar/mancha púrpura), que pueden afectar de manera considerable el rendimiento a cosecha.
“Observando este contexto y relacionándolo con las lluvias, sabemos que cuando entramos en períodos críticos con el agua como factor fundamental para que el cultivo alcance sus mejores rindes, –que en soja es de R3 para adelante–, también tenemos la contracara que con buenas condiciones de humedad se favorece el desarrollo de las enfermedades”, explica Juan Pérez Brea, gerente del cultivo de Soja en Basf Agro Argentina.
Además del clima, para Pérez Brea, “evaluar el estado de las enfermedades implica que debemos mirar los antecedentes del lote, como por ejemplo las rotaciones de soja, ya que cuando ellas son muy cortas es más probable que tengamos el inóculo en el lote. Otro punto importante es la calidad de semilla utilizada, que nos da una pauta de cómo está el cultivo desde su arranque y si está incorporando mayor presión de enfermedades o no”.
Debido a como desarrollan las enfermedades de fin de ciclo, se observa su impacto al final del cultivo que es cuando aparece la sintomatología, pero en realidad las pérdidas fueron gestadas más tempranamente. Es decir, cuando vemos el síntoma el daño ya está hecho.
“Hoy el ambiente y el pronóstico nos indican que tenemos condiciones climáticas, predisponentes para el desarrollo de las enfermedades, las cuales nos pueden llevar entre un 10 y 15 % de rendimiento, pérdidas que ante ataques fuertes pueden llegar al 30% de ese rendimiento”.
Otro aspecto a tener en cuenta, de acuerdo con Pérez Brea es, que, “las enfermedades están cambiando, con lo cual aparecen resistencias y se pierden susceptibilidades. Ello hace que no todos los fungicidas funcionan eficazmente como antes, incluidos algunos productos muy impuestos en el mercado. Así lo señalan publicaciones de la FAUBA, cuyos expertos con el profesor Marcelo Carmona a la cabeza, monitorean fuertemente el tema”.
Esto quiere decir que se están haciendo aplicaciones que en realidad no ayudan a recuperar esos kg que se llevan las enfermedades y por ello es necesario hacer un cambio en las herramientas utilizadas, explica nuestro entrevistado.
“Desde Basf estamos trayendo al mercado el fungicida preventivo Melyra cuya formulación contiene un nuevo triazol que es el Revysol o mefentrifluconazole, que viene a recuperar esos kg perdidos de la cosecha. El nuevo fungicida tiene mucha eficacia en el control de Septoria y Cercospora, por ende, se pueden tener 300 kg/ha más de grano. Además, cuando miramos objetivamente la relación costo – beneficio de su aplicación vemos que la misma cuesta entre 40 y 50 kg/ha de soja con lo cual son números más que convenientes”.
Melyra tiene la particularidad que controla las enfermedades por más de que estas vayan mutando y controla las cepas resistentes a otros triazoles, debido a que su ingeniería molecular tiene una particular flexibilidad que le permite ir cambiando e ir adaptándose a las modificaciones que se producen en los sitios de acción de las enfermedades y de allí su nivel de eficacia.
“Un punto que siempre destaco es que, la importancia de la elección del fungicida para la protección de la soja va más allá del porcentaje de pérdidas de rinde, porque si pensamos que hemos hecho todas las labores en la campaña buscando la máxima eficiencia, no es lógico ni podemos perderla en el último tramo del cultivo, que es cuando realizamos la protección contra las enfermedades”, sostiene Pérez Brea.
A manera de recomendación, afirma nuestro entrevistado, que lo importante es monitorear el lote tempranamente con el fin de saber qué podemos esperar de la enfermedad. También debemos conocer si la variedad es susceptible o no y al llegar a los períodos críticos, consideramos las condiciones climáticas desde ese momento para adelante. De esta manera sabremos cuando será necesaria la aplicación.
Otro detalle de importancia estratégica para Pérez Brea, es que este triazol tiene un perfil toxicológico muy bueno, aspecto que Basf trabaja con el foco en lograr producciones sustentables.
“En la actual campaña todos los cultivos en general están muy buenos, porque arrancaron con muy buenas condiciones hídricas que si permanecen, tendremos importante presión de enfermedades que ocasionarán pérdidas de rendimiento, todo lo cual indica que deberemos anticiparnos y proteger los cultivos de soja para evitar las pérdidas, las cuales, sin esta intervención, serán seguras”, afirma Juan Pérez Brea.

