
Un correcto manejo de nutrientes resulta clave en la definición de la productividad de los cultivos agrícolas. No solo porque colabora en la obtención de mayores rendimientos, sino porque también favorece la tolerancia ante condiciones climáticas adversas o la presencia de plagas. En este contexto, los cultivos de cobertura (CC) cobran relevancia al aportar parte de los nutrientes consumidos por los cultivos principales y reducir su pérdida por erosión, contribuyendo así a la sustentabilidad de los sistemas agrícolas.
El cultivo de soja requiere distintos nutrientes para su crecimiento, entre ellos macronutrientes como nitrógeno y fósforo, fundamentales para su desarrollo. En un trabajo conducido por Julia Capurro, especialista en cultivos de cobertura de Cañada de Gómez, se evaluó la disponibilidad de estos nutrientes en suelos con soja implantada luego de diferentes especies de CC: leguminosas, gramíneas y sus mezclas. Los cultivos de cobertura crecieron durante 132 días, desde la emergencia hasta su supresión, y las mediciones se realizaron a dos profundidades (0-5 cm y 5-20 cm) con la soja en estadio de dos a tres hojas verdaderas.
Los resultados mostraron diferencias marcadas. En los primeros 5 cm de profundidad, el suelo con soja sobre leguminosas puras (vicia sativa, vicia villosa y trébol persa) presentó un promedio de 13,6 ppm de nitrógeno de nitratos, mientras que en las mezclas (vicia sativa con avena sativa, centeno con vicia villosa y ryegrass con trébol persa) el valor fue de 5,8 ppm, y en las gramíneas puras, de 5,03 ppm. “Estas diferencias, de entre 2,3 y 2,7 veces más nitrógeno en el suelo con leguminosas, muestran la relevancia de la fijación biológica de nitrógeno que logran estas especies”, destacó Capurro.
En la capa de 5 a 20 cm, la tendencia se mantuvo: 3,16 ppm en promedio para leguminosas, 2,26 ppm para mezclas y 1,62 ppm para gramíneas puras, es decir, entre 1,4 y 1,95 veces más nitrógeno en los suelos con leguminosas.
En cuanto al fósforo, en los primeros 5 cm del suelo se registraron 20,93 ppm en leguminosas, 13,03 ppm en mezclas y 17,06 ppm en gramíneas puras, lo que implica que las leguminosas reciclaron entre 1,6 y 2,3 veces más fósforo que las otras opciones. A mayor profundidad (5 a 20 cm), se observó la misma tendencia: 8,86 ppm en leguminosas, 5,73 ppm en mezclas y 6,73 ppm en gramíneas puras, valores que equivalen a 1,55 y 1,32 veces más fósforo reciclado, respectivamente.
Por su parte, Vanina Jankovic, técnica de INTA Casilda, recordó que Santa Fe es la tercera provincia del país en superficie sembrada con soja, con 2,16 millones de hectáreas de soja de primera, según datos de la Dirección de Estimaciones Agrícolas de la SAGyP. Un relevamiento que la profesional realizó entre técnicos y productores del Departamento Caseros —que concentra casi el 10 % de la superficie provincial— reveló que el 37 % de los encuestados no fertiliza la soja de primera, priorizando el trigo y el maíz dentro de la rotación. El resto sí aplica fertilizantes, en distintos momentos y formas, utilizando principalmente fósforo, azufre y calcio.
Finalmente, Capurro subrayó que los cultivos de cobertura son una herramienta fundamental para mantener la fertilidad química de los suelos agrícolas. “Ante una situación de subutilización de fertilizantes minerales, el balance de nutrientes en soja es negativo. Con cada cosecha, salen del suelo más nutrientes de los que ingresan, lo que conduce al deterioro de los suelos en las principales regiones sojeras del país”, concluyó la especialista.

