La campaña de trigo 2025/26 avanza en Argentina con un panorama productivo que combina altos rendimientos, condiciones climáticas favorables y desafíos persistentes en materia de calidad. Según el último informe de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, la cosecha de trigo alcanza el 92,8 % del área apta e ingresa en su etapa final. El rinde promedio se ubica en 43,2 quintales por hectárea, y el volumen recolectado asciende a 25,8 millones de toneladas.
“La generalización de las labores sobre el sur del área agrícola, y fundamentalmente el centro y sudeste bonaerense, continuó arrojando rendimientos iguales o algo superiores a máximos históricos. Este diferencial en productividad eleva la proyección de producción 700 mil toneladas, resultando en un volumen proyectado nacional de 27,8 millones de toneladas. De mediar condiciones favorables, se espera finalizar con la recolección para mediados de enero”.
Dentro de este marco general, la campaña dejó hitos históricos en distintas zonas del país y Clarín Rural consultó a productores y asesores para identificar algunas tendencias vinculadas con el cereal. En el centro-sur de Córdoba, en localidades como Bengolea y Etruria, los rendimientos sorprendieron incluso a los productores más experimentados. Francisco Elorza destaca que la campaña fue “impensada para la zona”, impulsada por un fenómeno inusual: más de 150 milímetros acumulados entre julio y septiembre, algo sin precedentes en ocho décadas. El trigo partió, además, con perfiles de suelo prácticamente llenos, lo que permitió un desarrollo sin restricciones hídricas durante todo el ciclo.
Francisco Elorza, productor agrícola en el sur de Córdoba.El resultado quedó plasmado en números: los lotes más modestos rondaron los 45 quintales, el grueso de la producción se ubicó entre 55 y 60, y varios establecimientos —con nutrición adecuada— lograron entre 70 y 80 quintales por hectárea en secano, valores típicos de cultivos bajo riego. Según destaca Elorza, la estrategia nutricional fue determinante: la incorporación previa de urea, frecuente en zonas donde el invierno es seco, permitió asegurar nitrógeno desde la implantación y acompañó un potencial productivo que superó ampliamente el objetivo inicial de 4.000 a 4.500 kilos.
Pero semejantes rindes tuvieron su contracara en la calidad. En el análisis, Elorza detectó trigos con contenido de gluten muy bajo —24 a 25%, con mínimos de 21%— y de proteínas entre 9 y 9,5%. El pH, en cambio, mostró valores positivos, ubicándose entre 78 y 81. Una situación opuesta se observó en los lotes bajo riego, donde la fertilización fue diseñada para rindes de 7 u 8 toneladas: allí las proteínas alcanzaron entre 11,5 y 12%, con pesos hectolítricos excelentes. La variedad Baguette 750 volvió a liderar la siembra regional por su estabilidad y resistencia a heladas, reforzando su rol como cultivar insignia del centro-sur cordobés.
Un escenario similar de resultados extraordinarios se observó en diversas regiones. El productor santafesino Carlos Grosso describió la campaña 2025/26 como “la mejor que haya visto” en toda su trayectoria. El centro oeste de Santa Fe registró condiciones climáticas totalmente atípicas: alrededor de 300 milímetros de lluvia entre julio y agosto y temperaturas frescas durante la madurez, un combo que evitó problemas clásicos como el fusarium en floración y permitió la formación de granos de mayor peso —alrededor de 40 gramos cada mil—, un valor inusual para la región. Impulsados por ese clima excepcional, los rindes superaron todos los récords previos. En campos de alto potencial, los lotes saltaron de 5.000 a más de 6.000 kilos por hectárea, un 20% por encima de las mejores campañas registradas. “Incluso en ambientes restrictivos, donde históricamente los techos rondaban los 4.000 kilos, este año se obtuvieron hasta 5.800, algo excelente”, detalló.
Carlos Grosso, productor agrícola con base en el centro de Santa Fe.Grosso también destacó el alto nivel de profesionalización agronómica de la zona: “Cerca del 95% de la superficie está asesorada por ingenieros agrónomos, con rotaciones establecidas, fertilización ajustada e incorporación creciente de cultivos de servicio. Ese esquema técnico -articulado con redes como los grupos del INTA y asociaciones de asesores- permitió capitalizar por completo las condiciones climáticas favorables”, dijo. Sin embargo, remarcó que aún hay productores que no aplican toda la tecnología disponible, lo que genera diferencias de hasta 2.000 kilos por hectárea frente a quienes sí lo hacen.
A pesar de los resultados productivos excepcionales, Grosso advirtió que la rentabilidad no acompaña al trigo en este momento. El precio neto cayó alrededor de un 20% respecto del promedio de campañas anteriores y la calidad —medida por el factor de recibo— se ubicó en valores de 95, cuando lo habitual es 102–103. A ello se sumaron mayores costos logísticos y de cosecha. “Así, incluso con 30% más de rinde, la facturación final quedó en niveles similares a los de años previos”, indicó. Además, señaló que el fuerte consumo hídrico y nutricional del trigo puede complicar el arranque de la soja de segunda, que enfrentará perfiles más ajustados. “Fue un primer tiempo perfecto desde lo agronómico, pero que no se pudo cerrar económicamente; ahora el segundo tiempo llega más difícil”, resumió.
Por su parte, otras áreas pampeanas también reportaron resultados extraordinarios. Según el asesor Pablo Talano, asesor del CREA Pico-Quemú, en zonas de La Pampa donde los rindes históricos oscilan entre 2.000 y 2.500 kilos este año los pisos se ubicaron en 3.500 kilos y los techos alcanzaron los 6.000. “La mayoría de los productores está cosechando entre 4.000 y 4.500 kilos, casi duplicando los promedios provinciales. Aunque hubo heladas en noviembre que afectaron sectores puntuales, la primavera húmeda y fresca sostuvo el potencial”, detalla. Allí también, el talón de Aquiles fue la calidad, afectada por esquemas nutricionales diseñados para rindes promedios y no para resultados excepcionales.
Pablo Talano, asesor del CREA Pico-Quemú, en La Pampa.Talano señala que la campaña también dejó escenarios contrastantes dentro de la propia región pampeana. En el centro-norte bonaerense -Arrecifes, Pergamino y Rojas- los rendimientos superaron los 5.000 kilos y en algunos establecimientos promediaron entre 6.000 y 7.000 kilos. Allí, las lluvias fueron abundantes y constantes, dejando perfiles con humedad suficiente e incluso excesos de rastrojo que dificultan la siembra inmediata pero aseguran excelentes condiciones para avanzar con la soja de segunda. En cambio, en La Pampa y sectores de transición hacia el oeste bonaerense, donde no hubo excesos hídricos en el fin de primavera, el trigo consumió prácticamente todo el agua disponible. Así, aunque los rindes fueron extraordinarios, entre 3.500 y 5.000 kilos, muchos lotes quedaron extremadamente secos.
Esa diferencia marca la gran disyuntiva del momento: el futuro del doble cultivo trigo–soja. En La Pampa, entre el 60 y el 70% de los lotes presentan perfiles demasiado ajustados para avanzar con la soja de segunda o el maíz tardío, y la continuidad del ciclo productivo dependerá críticamente de las lluvias de los próximos 10 a 15 días.
Mientras tanto en Entre Ríos, el asesor de empresas Juan Elizalde describió la campaña como “el año perfecto”, especialmente para los cultivares de ciclo largo sembrados entre el 15 y el 20 de mayo. Hubo humedad óptima, lluvias constantes, temperaturas templadas y ausencia de heladas severas. El manejo intensivo, con fertilización y refertilización acorde al potencial y monitoreo sanitario permanente, permitieron rendimientos que oscilaron entre 5.000 y 7.000 kilos por hectárea, muy por encima del promedio histórico de 3.500 a 4.000 kilos. «Tanto los ciclos largos como los intermedios y cortos respondieron de manera positiva, fue una campaña excepcional», dice, y advierte que, como en otras regiones, la calidad fue moderada: «Proteína y pH quedaron por debajo de lo deseable, aunque compensados por el volumen de cosecha».
Juan Elizalde, asesor de empresas agrícolas en Entre RíosEl sudeste bonaerense también transita una campaña sólida. Según el productor marplatense Lucas Santos, el exceso de lluvias elevó la presión de enfermedades y obligó a ajustar la nutrición nitrogenada, pero los lotes llegan a cosecha con hojas verdes y buen potencial. El trigo evitó daños de heladas que sí afectaron a la cebada gracias a una floración más tardía. Los lotes cosechados hasta el momento rondan los 6.000 kilos y mantienen buenas expectativas.
Y hacie el centro bonaerense la cosecha también avanza con perspectivas muy favorables. La zona de Coronel Suárez registró 1.200 milímetros anuales, más de 400 en primavera, generando condiciones excepcionales. La cebada ya marca rendimientos cercanos a 5.000 kilos y el trigo promete resultados sobresalientes. El productor Francisco Lodos comenta: “Hay lugares donde está llegando a 7.000 kilos, muy buenos rendimientos y calidad un poquito más floja, dependiendo un poco del rinde y la fertilización que tuvieron. La realidad es que la cebada está rompiéndola”, afirma.
Francisco Lodos, productor agrícola con base en Coronel Suárez, en el centro de Buenos Aires.Con realidades diversas, pero un patrón común, la campaña 2025/26 se perfila como una de las mejores en décadas. Los altos rendimientos, la oferta hídrica abundante y un clima benigno sostienen una proyección de 27,8 millones de toneladas. Sin embargo, la calidad vuelve a ubicarse como el principal desafío: proteínas y gluten muestran rezagos en un sistema donde el potencial productivo crece más rápido que la nutrición. El mensaje es claro: para consolidar un trigo competitivo, será necesario ajustar las estrategias agronómicas a un techo productivo que, campaña tras campaña, continúa elevándose.

