
La cúpula del Cartel de Sinaloa vuelve a temblar: Joaquín Guzmán López, alias «El Güero» e hijo de Joaquín “El Chapo” Guzmán, se presentará el lunes ante una corte federal de Chicago para admitir su culpabilidad en al menos un cargo de narcotráfico. Se trata de un giro decisivo en un expediente que avanza a la sombra de su padre, condenado a cadena perpetua en Estados Unidos.
El anuncio fue revelado este viernes por medios mexicanos tras la publicación de documentos judiciales que confirman que Guzmán López cambiará su declaración inicial de no culpable. La audiencia está fijada para el 1° de diciembre a las 13.30, en plena resaca del fin de semana largo por Acción de Gracias, cuando prácticamente no hay actividad oficial.
El trámite había sido postergado tres veces desde julio: primero al 15 de septiembre, luego al 13 de noviembre y finalmente a la fecha actual. La jueza Sharon Johnson Coleman viene demorando la vista mientras se afinan los detalles de un acuerdo que, a diferencia de otros procesos, todavía se maneja con un hermetismo absoluto.
Guzmán López enfrenta cargos por narcotráfico, crimen organizado y uso de armas de fuego, y es señalado como uno de los líderes de Los Chapitos, la violenta facción que retomó las operaciones del Chapo tras su extradición a Estados Unidos en 2017.
Su situación se complicó aún más tras su detención en julio de 2024, cuando aterrizó en Texas en una avioneta junto a Ismael “El Mayo” Zambada, cofundador del cartel y su antiguo aliado. Zambada declaró luego que fue engañado sobre el destino del vuelo y que el propio Guzmán López lo entregó a las autoridades norteamericanas. El episodio detonó una guerra interna que aún no se apaga.
Desde entonces, los enfrentamientos entre Los Chapitos y la facción del Mayo se multiplicaron en el norte de México, dejando un saldo estremecedor: más de 1.200 muertos y cerca de 1.400 desaparecidos, según cifras oficiales.
El hermano de Joaquín, Ovidio Guzmán López, también cayó meses atrás: en julio se declaró culpable de cuatro cargos de narcotráfico ante un tribunal de Chicago, en un acuerdo cuyos términos tampoco fueron divulgados. Y poco después, en agosto, el propio Mayo Zambada aceptó cargos por narcotráfico, lavado de dinero y uso de armas en Nueva York.
El trasfondo de todas estas maniobras es el mismo: la presión de Washington para desmantelar la estructura que alimenta la epidemia de fentanilo. Las autoridades estadounidenses acusan al Cartel de Sinaloa de inundar su territorio con esa droga sintética que causa decenas de miles de muertes por sobredosis cada año y que se convirtió en un punto crítico de fricción entre México y Estados Unidos.

