
La Niña es un fenómeno oceánico y atmosférico que se produce cuando las aguas del océano Pacífico central y oriental se enfrían por debajo de lo normal durante al menos tres meses consecutivos. Ese enfriamiento modifica la circulación del aire y genera cambios que se extienden por todo el planeta. Según explicó The Weather Channel, es el fenómeno opuesto a El Niño, que implica un calentamiento en esas mismas zonas del Pacífico.
Durante los episodios de La Niña, los vientos alisios empujan las aguas cálidas hacia el oeste, reforzando la surgencia de aguas frías cerca de Sudamérica. Este proceso altera el comportamiento de las corrientes en chorro o jet streams, desplazando las tormentas y afectando la distribución de las lluvias y la nieve en América del Norte.
De acuerdo con los especialistas de The Weather Channel, aunque su origen está a miles de kilómetros del continente, las repercusiones son claras: en el norte del país, los inviernos tienden a ser más fríos y húmedos, mientras que el sur experimenta condiciones más secas.
El impacto de La Niña sobre el noreste y el medio oeste de Estados Unidos no será uniforme. Según The Weather Channel, los inviernos con una Niña débil suelen traer menos nieve a lo largo del corredor de la Interestatal 95, que conecta Washington D. C. con Nueva York. Sin embargo, el norte del estado de Nueva York suele recibir mayores acumulaciones, sobre todo en zonas cercanas a los Grandes Lagos, como Buffalo o Syracuse.
Para Nueva York, los meteorólogos pronostican un invierno inestable, con alternancia de tormentas intensas y períodos más templados. Las irrupciones de aire frío procedente de Canadá podrían provocar contrastes bruscos de temperatura. En temporadas pasadas, la ciudad registró situaciones muy distintas: en 2017-2018 acumuló casi 30 pulgadas (76 cm) de nieve, mientras que en 2022-2023 apenas superó las 0,27 pulgadas (0,7 cm), recordó The Weather Channel. Esa diferencia responde a la interacción de La Niña con otros fenómenos, como el calentamiento estratosférico súbito y las oscilaciones del Atlántico Norte.
En Chicago, el panorama se perfila más riguroso. Según un análisis de Time Out basado en datos oficiales, el Medio Oeste podría recibir más nieve de lo habitual si el fenómeno se intensifica. La Niña desplaza la corriente en chorro hacia el norte, lo que facilita la llegada de aire polar y el paso frecuente de tormentas sobre los Grandes Lagos. En inviernos con Niña débil, el norte de Illinois acumuló al menos nueve pulgadas (25 cm) más de nieve de lo normal.
El recuerdo del “Groundhog Day Blizzard” de 2011, conocido como Snowmaggedon, sigue presente en la memoria de los residentes. Aquel invierno, impulsado por una fase de La Niña, una tormenta cubrió Chicago con más de 20 pulgadas (50 cm) de nieve y ráfagas de viento extremo. Para este año, los expertos esperan un escenario más moderado, aunque advierten que las nevadas podrían intensificarse si el fenómeno gana fuerza durante el invierno.
Si La Niña aumenta su intensidad, las condiciones del invierno podrían volverse más prolongadas y severas en el norte del país. Las autoridades de la NOAA señalaron que la posición de la corriente en chorro será clave para determinar la frecuencia de las tormentas y la llegada de masas de aire polar. Un desplazamiento más marcado hacia el norte favorecería la acumulación de nieve en el Medio Oeste y un clima más seco en el sur.
Los meteorólogos insisten en que, incluso en su fase débil, La Niña es capaz de alterar de forma significativa el equilibrio atmosférico. En ciudades como Nueva York y Chicago, el invierno 2025 podría estar marcado por una sucesión de episodios fríos intensos, nevadas repentinas y pausas de clima benigno que harán difícil anticipar el ritmo de la estación.

