Ubicada en la localidad de Clason, en el centro santafesino, La Gofredina es una cabaña con más de 35 años de experiencia en la selección de reproductores Braford. Cuenta con un plantel de más de 800 vientres registrados -entre el rodeo general y las vacas reproductoras-, y desde hace un tiempo es también un referente en la aplicación de cultivos de servicios como eslabón clave de la integración agrícola-ganadera. El establecimiento, que tiene origen tambero pero con el tiempo supo sumar y diversificar actividades, comenzó a experimentar con distintas especies en sus rotaciones agrícolas, con resultados que exceden lo esperado y benefician tanto a la producción de granos como a la de carne.
“Los cultivos de cobertura entraron a los sistemas de esta región hace unos años para reemplazar el barbecho químico, sobre todo en zonas de cría donde sembramos el maíz en diciembre y quedaba un largo período con el suelo desnudo, entre abril y diciembre”, explica en diálogo con Clarín Rural Diego Hugo Pérez, asesor técnico del establecimiento.
Tal como indica, inicialmente la incorporación de estas especies apuntaba al control de malezas. Sin embargo, con el tiempo sus beneficios se extendieron a mejorar la estructura y fertilidad del suelo, aportar materia orgánica, fijar nitrógeno (gracias a especies como la vicia) y descompactar el perfil mediante raíces potentes como las del rabanito forrajero, que además son una buena fuente nutricional para la hacienda durante el invierno.
“El rabanito genera una descompactación natural y moviliza nutrientes como fósforo y azufre, poniéndolos a disposición de los cultivos siguientes. Además, tiene una tasa de crecimiento inicial muy rápida, lo que ayuda a competir con malezas desde el arranque”, detalla Pérez.
El rabanito genera una rápida cobertura del suelo para competir con las malezas, y una raíz que mejora la estructura del suelo.Pero como se dijo, los beneficios no se agotan en la agricultura. La estrategia de La Gofredina avanza hacia una integración total: los cultivos de cobertura no solo mejoran el suelo, sino que también sirven como base forrajera para la recría de terneros, tanto machos como hembras, a partir de los 200 kilos. “Los sembramos en marzo-abril y los usamos para pastoreo directo entre mayo y septiembre. Los animales ganan entre 500 y 750 gramos por día, durante unos 100 a 120 días. Después, en septiembre los cultivos se secan para tener un mini barbecho antes de la siembra de gruesa, y los animales pasan a pasturas consociadas o a los bajos naturales del campo”, señala.
La estrategia incluye una mezcla de especies diseñada para alimentar al ganado y al propio suelo. Centeno, vicia y rabanito forman parte de un cóctel que, según los estudios que realiza el grupo Agsus —del cual Pérez forma parte desde la Universidad de La Pampa—, ayuda a aumentar la biodiversidad microbiana y a promover el secuestro de carbono.
Cómo se hace
El agrónomo explica que se siembra todo junto: dos kilos de semillas de rabanito forrajero -daikon y tillage radish-, 20 kilos de vicia y 50 kilos de cebada forrajera. “Inoculamos la vicia y lo mezclamos todo con una mezcladora antes de meter en una sembradora. Además, el fertilizante que íbamos a usar en la soja posterior -100 o 150 kilos de superfosfato simple- se lo metemos al cultivo de cobertura, y cuando sembramos la soja lo hacemos solo con el cura semilla e inoculante”.
La vicia se inocula y aporta fijación de nitrógeno en el suelo.La experiencia demuestra que el impacto positivo de los cultivos de cobertura se manifiesta no solo en el cultivo inmediato, sino también en los posteriores. “La soja puede rendir igual con o sin cobertura, pero el trigo que viene después de esa soja suele tener mejores rendimientos cuando hay una cobertura previa. Se empieza a construir un sistema que trabaja a favor”, señala.
A pastorear se ha dicho
La primera condición para poder entrar con la hacienda a pastorear los lotes de cultivos de servicio es que el animal, cuando da el primer bocado, no arranque las plántulas. “Cuando ya está asegurado que no hay arranque, largamos a pastorear”, dice Pérez, y luego detalla que el rabanito es la especie que menos palatabilidad tiene, por lo cual la vaca empieza a comer primero la cebada, después la vicia y por último el rabanito.
“El consumo del rabanito por parte del animal depende de la presión de carga instantánea, o sea, cuántos animales uno pone por hectárea. Cuando se les dan franjas grandes, que hay baja carga instantánea, el animal elige y empieza a comer primero la cebada, después la vicia y después el rabanito. Ahora, cuando la carga instantánea es muy alta no hay poder de selección del animal y come todo. Nosotros preferimos que al rabanito intente no comerlo, porque nos ayuda mucho en el control de malezas ya que tiene una muy buena cobertura aérea, mucha hoja, y la raíz sigue creciendo, entonces nos sirve mucho para darle de comer al suelo”, explica.
La combinación del uso agrícola y ganadero de estas especies permite compensar eventuales caídas de rinde agrícola por uso del agua por parte del cultivo de servicio, especialmente en años secos. “A veces, si el perfil no se recarga bien, puede haber una pérdida de hasta 10 quintales de soja. Pero cuando el sistema está integrado, esos kilos extra de carne generados durante el invierno son muy rentables y equilibran la ecuación”, dice. En concreto, el reemplazo de los barbechos químicos por cultivos que se pastorean deja un rédito de 250 a 300 kilos de carne por hectárea.
Aunque la campaña 2022/23 fue desafiante por la sequía, las lluvias de febrero y marzo de este año incentivaron la siembra de cultivos de servicio en lotes donde no entraban cultivos invernales. Cada vez más establecimientos mixtos se suman a esta tendencia, no solo para mejorar sus suelos, sino para diversificar ingresos.
En palabras de Pérez, “los campos que integran ganadería y agricultura están encontrando en los cultivos de cobertura una herramienta clave. Es una inversión en el largo plazo que mejora la rentabilidad y la sustentabilidad del sistema”.
Con prácticas como esta, La Gofredina demuestra que el futuro de la producción agropecuaria puede ser más eficiente, sustentable y rentable, si se logra mirar el sistema en su conjunto.

